jueves, 8 de febrero de 2018

7 curiosidades que tal vez no sabías sobre Ingvar Kamprad, el fundador de IKEA

Hace unos días fallecía el fundador de IKEA a los 91 años. Repasamos algunos de los datos y curiosidades más características del sueco Ingvar Kamprad, el creador del imperio de muebles más famoso del planeta. De pasado turbio, vida austera y pocas declaraciones a los medios de comunicación, el multimillonario Ingvar Kamprad popularizó los diseños de IKEA, una compañía de muebles caracterizados por la simplicidad y el diseño sencillo que revolucionaron por completo el mundo de la decoración y los artículos para el hogar.
Su trayectoria a bordo de la empresa es de las más dilatadas del siglo, ya que fundó la compañía cuando contaba tan solo con 17 años, usando para ello dinero que le había regalado su padre por sus buenas notas en el colegio. En la actualidad, hay 389 tiendas de IKEA en el mundo y en Suecia tienen un dicho que reza, “Per-Albin Hasson (líder socialdemócrata del país a mediados del siglo XX) fue el que construyó el hogar al pueblo, pero fue Ingvar Kamprad quien lo amuebló”.
Desde IKEA publicaban una nota de prensa para informar de su deceso, describiéndolo como “un gran emprendedor del tipo típico del sur de Suecia: muy trabajador y testaduro, con mucha calidez y un brillo juguetón en sus ojos”, escribió la compañía al dar a conocer su fallecimiento. ¿Quieres saber más sobre el polémico Ingvar Kamprad? Te revelamos algunas curiosidades y datos sobre su vida.

7 datos sobre el fundador de IKEA que tal vez no conocías

  • Mentalidad empresarial en la infancia: Con siete años, Ingvar vendía cerillas a sus vecinos y reparó en la importancia de la compra al por mayor. Sus negocios infantiles pasaron por la comercialización de semillas, postales, adornos para árboles de Navidad, plumas y bolígrafos.
  • Máxima austeridad: Pese a que amasó una fortuna de 64.000 millones de euros, Ingvar Kamprad compraba yogures a punto de caducar, vestía siempre ropa de mercadillo, viajaba en transporte público y conducía su viejo Volvo con más de veinte años de antigüedad, optaba por la clase turista, creaba sus propios cuadernos empleando folios escritos por una sola cara y se llevaba de los restaurantes los sobres de sal, pimienta y azúcar.
  • Pasado nazi: La periodista sueca Elisabeth Asbrink publicó el pasado nazi del fundador de Ikea en el diario Expressen tras hallar su nombre en los archivos del ultraderechista sueco Per Engdahl tras la muerte de éste, en 1994. Así se llegó a conocer que en las primeras fases del negocio, entre 1945 y 1948, cuando rozaba la veintena 20 años, Kamprad acudió varias reuniones pronazis, algo que luego calificaría como “el peor error de su vida”. También llegó a reconocer de niño se había visto influenciado por el apoyo a Hitler de su abuela alemana.
  • La estantería convertida en icono: La estantería Billy, de seis repisas, es el producto más famoso de IKEA. Se han vendido unos 60 millones de unidades en todo el mundo. Lo impresionante es que, según revelan desde BBC Mundo, fue diseñada en una servilleta por Gilles Lundgren hace 37 años y ahora se calcula que hay una estantería Billy por cada 100 personas en el planeta.
  • Consejo de productividad: Una de sus frases más celebres aborda la importancia de gestionar bien el tiempo, considerado para él como el recurso más importante“Puedes hacer tanto en diez minutos. Diez minutos, una vez pasados, se fueron para siempre. Diez minutos no son solo una sexta parte de una hora. Divide tu vida en unidades de diez minutos y desperdicia las mínimas posibles en actividades sin sentido”.
  • Alcoholismo: Junto a su pasado nazi, el problema del que más se arrepintió el fundador de IKEA fue de sus problemas con el alcohol, llegando a declararse “alcohólico bajo control”. Hasta los 30 años, su hijo Mathias, hoy a la cabeza de la compañía, también ha tenido la misma adicción.  
  • Fiscalidad: A finales de la década de 1970 Ingvar se mudó de Suecia a la vecina Dinamarca para evitar pagar los impuestos en el país, que por aquel entonces eran de los más altos del mundo. Solo regresaría a su país tras la muerte de su esposa, Margaretha, en el 2011. También impulsó un entramado de sociedades para pagar menos al fisco que acababan en el pequeño estado de Liechtenstein